
El episodio ocurrido en el Senado de la República en agosto de 2025 volvió a poner a Alejandro Moreno, alias “Alito”, en el centro de la polémica.
Durante una discusión con el presidente del Senado, Gerardo Fernández Noroña, Moreno agredió físicamente a su colega, en un altercado que rápidamente se viralizó en redes sociales y medios de comunicación, evidenciando un patrón de comportamiento agresivo y autoritario que ha marcado su carrera política.
La trayectoria de Moreno, exgobernador de Campeche y actual dirigente nacional del PRI, ha estado marcada por acusaciones de corrupción.
La Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción del estado solicitó su desafuero por presunto peculado y uso indebido de atribuciones, tras el desvío de 83.5 millones de pesos durante su gestión como gobernador.
Estas denuncias se suman a una serie de señalamientos que apuntan a un manejo irregular de recursos públicos y favoritismo político, consolidando la percepción de impunidad dentro de su círculo.
Además, Moreno ha sido vinculado con conductas misóginas y violencia política de género. En 2023 fue sancionado por el Tribunal Electoral de Tamaulipas por actos contra Mayra Ojeda Chávez, entonces secretaria general del PRI local.
Una diputada denunció en 2024 que Moreno le solicitó 16 millones de pesos para beneficio personal, un episodio que refuerza la imagen de un dirigente autoritario, acostumbrado a ejercer presión sobre mujeres en posiciones de liderazgo.
El conjunto de episodios refleja un estilo político caracterizado por la agresión, la corrupción y el machismo, elementos que han erosionado su legitimidad dentro del partido y en la opinión pública.
Alejandro Moreno sigue siendo, para críticos y analistas, un ejemplo de las dinámicas autoritarias y clientelares que persisten en la política mexicana contemporánea, donde el poder y la impunidad se entrelazan, y los episodios violentos se convierten en parte de la narrativa pública del dirigente.