
Las refinerías de Estados Unidos enfrentaron una escasez estructural de crudo pesado, un insumo clave para su operación, tras la caída sostenida de los suministros provenientes de México y Venezuela.
Estas plantas fueron diseñadas para procesar mezclas densas, por lo que la abundancia de crudo ligero producido internamente no resolvió el problema operativo.
De acuerdo con un análisis periodístico de Ryan Dezember y Drew An-Pham detallan en The Wall Street Journal, este déficit energético se convirtió en un factor estratégico para la política exterior de la administración de Donald Trump.
La falta de crudo compatible habría empujado a Washington a buscar acceso directo a las reservas venezolanas, consideradas entre las más grandes del mundo.
El reporte sostiene que la intervención en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro se inscriben en ese contexto de urgencia energética.
Aunque Canadá aumentó sus exportaciones de crudo pesado, el volumen no fue suficiente para cubrir la demanda de las refinerías del Golfo.
El caso expone la intersección entre seguridad energética y decisiones geopolíticas, así como el uso de la política exterior como instrumento para garantizar insumos estratégicos a la industria estadounidense.
