
Hoy, desde el Senado y bajo las siglas de Morena, Raúl Morón respalda la reforma que reducirá la jornada laboral a 40 horas semanales y se posiciona del lado de la clase trabajadora. Sin embargo, su historial legislativo ofrece un contraste inevitable.
En 2012, como senador del PRD, votó a favor de la reforma laboral impulsada por el entonces presidente Enrique Peña Nieto, aprobada por PRI, PAN y la mayoría perredista.
Aquella modificación legalizó la subcontratación y flexibilizó el mercado laboral bajo el argumento de fomentar la competitividad.
El saldo fue distinto al prometido: precarización del empleo, debilitamiento de derechos laborales y mayor inestabilidad para millones de trabajadores.
En ese paquete también se incluyeron reformas estructurales del llamado Pacto por México, entre ellas las energéticas y fiscales, que derivaron en aumentos sustanciales en combustibles y en un entorno económico marcado por devaluación y descontento social.
Su respaldo actual a la reducción de la jornada laboral ha sido interpretado por críticos como un intento de reivindicación política.
