
Por Andrea Serna Hernández
En Michoacán, durante muchos años, la ayuda del gobierno se veía así: una despensa, un bono pequeño, algún apoyo que apenas alcanzaba para cubrir lo urgente. La derecha lo repartía como migajas, buscando votos, sin preocuparse por cambiar la vida de la gente ni garantizar derechos. Las familias lo sabían: era ayuda pasajera, que desaparecía cuando la o el político cambiaba de distrito o terminaba la campaña.
Hoy, gracias a la Cuarta Transformación, esa política cambió. Los programas sociales son humanistas: buscan que la gente viva con dignidad, que los niños y las niñas puedan estudiar, que las personas con discapacidad tengan apoyo y oportunidades, que las familias que enfrentan enfermedades graves puedan seguir adelante sin quedarse en la pobreza. No se trata de un regalo ni de caridad: es un derecho que el Estado garantiza a todas las personas, pero especialmente a quien más lo necesita.
Los números lo confirman, pero detrás de ellos hay historias de vida. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2016 más de la mitad de los michoacanos vivía en pobreza: el 54.2%. Para 2024, esa cifra descendió al 34.3%. Entre 2022 y 2024, 368 mil 897 personas dejaron de vivir al día, cargando con la incertidumbre y la angustia de no saber si podrían cubrir lo más básico. No son solo cifras; son infancias que hoy pueden ir a la escuela, familias que tienen mejores oportunidades, madres y padres que sienten un respiro cuando su ser querido recibe apoyo, hogares que pueden enfrentar enfermedades o alguna discapacidad sin que su economía se derrumbe. Esto no ocurrió por casualidad: es el resultado de políticas diseñadas para atacar la desigualdad, no para repartir ayudas pasajeras ni migajas políticas.
Los programas muestran resultados, como La Pensión para el Bienestar de Personas con Discapacidad llegó a más de 12 mil personas, dándoles autonomía y dignidad. Mujeres con Cáncer de Mama y/o Cervicouterino Invasor apoyó a mil 702 mujeres en 2025, y Familias Cuidadoras de Niñas y Niños con Cáncer benefició a 384 familias ese año, sumando 760 desde 2022. Los Ceibas operan en 10 municipios, ofreciendo talleres, cursos y acompañamiento que se traducen en oportunidades reales para quienes antes eran invisibles. Cada acción demuestra que el Estado ahora está presente donde antes no llegaba.
Esta es la política de los gobiernos de la Cuarta Transformación. No se trata de repartir recursos al azar ni de hacer clientelismo. Es un proyecto de Estado que busca cambiar de fondo la vida de la gente, reducir desigualdades, combatir la pobreza y garantizar derechos, llevando oportunidades donde antes solo había abandono y olvido. La diferencia con la derecha es clara, mientras ellas y ellos prometen migajas para ganar votos, la 4T apuesta por fortalecer vidas, proteger la dignidad y dar herramientas reales para que quienes más lo necesitan puedan salir adelante.
Michoacán lo demuestra cada día con programas sociales humanistas. La pobreza disminuye, la justicia social se fortalece y miles de familias ahora pueden aspirar a una vida con certezas y oportunidades. Esa es la apuesta de la Cuarta Transformación: políticas públicas que transforman vidas, paso a paso, con visión, justicia y humanidad, construyendo un bienestar que deja atrás la lógica del asistencialismo y coloca a las personas en el centro de la política. Con ellas y ellos.
