
El llamado Plan Colombia nació en 2000 como un acuerdo bilateral entre Washington y Bogotá para enfrentar el narcotráfico y el conflicto armado interno.
Con más de 10 mil millones de dólares aportados por Estados Unidos y 130 mil millones del Estado colombiano, se convirtió en la mayor operación de cooperación militar en América Latina desde la Guerra Fría.
Sus ejes incluyeron fumigación aérea, fortalecimiento de fuerzas armadas, interdicción de drogas, justicia y desarrollo rural.
Los resultados fueron mixtos. Por un lado, la tasa de homicidios cayó de 60 a 23 por cada 100 mil habitantes entre 2002 y 2016, las FARC se debilitaron y el PIB creció de manera sostenida.
Sin embargo, el plan dejó más de 8 millones de desplazados, seis mil ejecuciones extrajudiciales y graves daños ambientales por la fumigación con glifosato.
Hoy, con un narcotráfico aún vigente y Colombia produciendo cerca del 70% de la cocaína mundial, el balance es parcial.
Mientras en Washington se insiste en replicar el modelo en México, persisten las dudas sobre los costos humanos y ambientales de una estrategia militarizada.
